Seis meses estuvo prófugo Juan Carlos Benedicto. De alguna manera, el escribano público -presunto autor de delitos de lesa humanidad durante la dictadura militar- logró escapar en diciembre del hospital neuropsiquiátrico en el que estaba internado, con custodia y por orden judicial. De alguna manera llegó sin ser visto hasta Encarnación, una ciudad ubicada en el límite con Paraguay. De alguna manera, Benedicto permaneció oculto todo este tiempo. Hasta ayer.

Por estas horas, el civil que será juzgado en el marco de la megacausa "Arsenales Miguel de Azcuénaga" es trasladado a esta provincia. Según la investigación concretada por el juez federal Daniel Bejas, Benedicto es presunto responsable de haber intervenido en la comisión del delito de tormentos en perjuicio de Adolfo Méndez Brander, Margarita Laskowski (casos 94 y 95) y Gustavo Adolfo Fochi (caso 66); y en la comisión del delito de homicidio, en perjuicio de Gustavo Adolfo Fochi (caso 66), en calidad de autor material.

En diciembre de 2010, el escribano público fue detenido y llevado al penal de Villa Urquiza. Allí sufrió una enfermedad, según fuentes judiciales, y los médicos aconsejaron que realizara un tratamiento fuera de la cárcel, ya que el servicio penitenciario no contaba con los elementos para su recuperación. Fue enviado a su casa, con custodia de la Policía Federal, bajo el régimen de arresto domiciliario. Al parecer, Benedicto intentó quitarse la vida. Por eso, los profesionales recomendaron que fuera internado en un instituto neuropsiquiátrico.

El 7 de diciembre de 2011, el acusado burló a los guardias y se esfumó. Bejas, a través de la Secretaría de Derechos Humanos, dispuso una serie de medidas: apartó a la Policía Federal del caso y le asignó la investigación y localización del evadido a la Policía de Seguridad Aeroportuaria; requirió un pedido de captura internacional; y gestionó a través del Poder Ejecutivo Nacional el pago de una recompensa de $ 100.000 para quien aportara datos del presunto homicida.

Las líneas de investigación llegaron a Bolivia, Colombia y otros países de Latinoamérica. Así, surgió un dato que conducía hacia Encarnación, una ciudad paraguaya que está en el límite con Posadas, Misiones.

Ayer, en un operativo conjunto entre policías argentinos y guaraníes, Benedicto fue arrestado. Le tomaron las huellas dactilares y lo llevaron hasta la frontera. Allí fue detenido y puesto a disposición de la Justicia Federal de Tucumán.

Al ser consultado por LA GACETA, Bejas confirmó el procedimiento, y aseguró que las tareas de inteligencia no cesaron en ningún momento. Así, pese a los kilómetros recorridos, el destino de Benedicto está en el banquillo de los acusados.